Para que las mujeres lean, y
el hombre que escribió la carta… entienda.
Carta de otro hombre en respuesta
a un hombre verdadero que escribió una carta a las mujeres
Queridas amigas, y
amigo:
Sí importa cuánto
pesen: pero que no se confundan mis palabras, que no van por la cuestión de la
vanidad, sino por salud (y no, tampoco pido que todas y todos estemos en
nuestro peso "ideal"; sólo no debemos descuidar nuestro cuerpo). Por supuesto que
es fascinante tocar, abrazar y acariciar el cuerpo de una mujer… siempre y
cuando ella lo permita y quiera, pues otros pueden confundirse y pensar que
aquellas palabras son una carta abierta a tocar y abrazar y acariciar los cuerpos de las mujeres que quieran nada más porque quieren. No entiendo a qué viene
su tercer línea de algo que se debate entre un mal poema o una reflexión irreflexible.
El talle es la
medida, la disposición de las formas y se lo aclaro en aras de despejar una
duda (para nada es un intento de subirme a un tabique llamado soberbia). Si líneas arriba de
su texto dijo que no importa la talla, entonces: ¿por qué decir que si la forma
de la mujer es como una guitarra está buena?. Mayor y absurda generalización y
contradicción sumada no pudo haber escrito. Y si a instrumentos vamos y entramos en el
mismo reducto y parangón de palabras toscas: la mujer no es guitarra, sino violín. Claro
que importan los centímetros, si no importaran poco valor tendría el poema (ese
sí, con todas las de la ley) de Rubén Bonifaz Nuño:
Es como si
dijeras:
"Cuenta hasta diez, y búscame", y a oscuras
yo empezara a buscarte, y torpemente
te preguntara: ¿estás allí?", y salieras
riendo del escondite,
tú misma, sí, en el fondo; pero envuelta
en una luz distinta, en un aroma
nuevo, con un vestido diferente.
"Cuenta hasta diez, y búscame", y a oscuras
yo empezara a buscarte, y torpemente
te preguntara: ¿estás allí?", y salieras
riendo del escondite,
tú misma, sí, en el fondo; pero envuelta
en una luz distinta, en un aroma
nuevo, con un vestido diferente.
En mayor trampa no pudo haber caído la mujer que pensara
que sus letras eran maravillosas, con baladí comparación y denominaciones parcas.
Y cuando pareciera que nada de las medidas importa, me viene con que deben
de ser ideales, curvilíneas, pulposas (que quién sabe qué entienda usted por “pulposas”)
y femeninas… pero: ¿qué no lo femeninas es ya epistemológico? Continúa con una
clase del cuerpo, un ideal y una representación social que ha atado a las
mujeres a cumplir estándares de belleza muchas veces inalcanzables… y por suerte recuerdo que usted no tiene la más mínima intención de ofenderles, y qué bueno,
porque si lo tuviera…
Ya no sé si por quedar bien o por mero recurso
retórico, ahora viene con que las chicas de pasarela son desérticas en
emociones, mas le recuerdo que, aunque fascinadas por el velo de la moda,
siguen siendo mujeres. Y aunque es cierto, se agreden, de nada sirve decir que
lo hacen y menos sin proponer que dejen de hacerlo. No es que la mujer odie
su cuerpo, le enseñaron a odiarlo; y no es exclusivo de las mujeres. Pero
sigamos con su quimera literaria, sin pies ni cabeza, que afirma a la feminidad
(que nunca explica qué entiende por ella) y la dulzura, la elegancia y el buen
trato (poco faltó que sacara el Manual de Carreño y lo tomara como Moisés lo hizo con los mandamientos, bajando del
monte Sinaí), fuesen las características únicas e irrefutables para ser mujer
(cómo si fuera una lista por cumplir). Y lo de los viagras… menuda
analogía.
Y como la lógica prospera en su texto, ahora presenta las
obligaciones inexorables del juicio de la historia, tan dañino como quien siga
creyendo que la historia es juez y parte. Si a su lógica sobre el maquillaje
continuamos: las representaciones sociales se hicieron para que las usemos…
¡usémoslas! Y no, para nada comparto eso de que nosotros debamos de andar a
cara lavada, al menos yo me echo cremita Vasenol
(no, Vasenol no me dio dinero por concepto de publicidad), y si me quiero consentir me pongo algo de una cremita que compré hace
mucho de Lancŏme (mismo caso que Vasenol). Y como si la cosificación no fuera
suficiente, ahora por mero capricho visual “insinúa” coquetamente que usen las
faldas por el simple hecho de que para eso se hicieron. Y claro, retomando su lógica, las pistolas se hicieron para matarnos… ¡matémonos!
¿Alguien dijo lo contrario sobre las olas y las
caderas? Metafísico estáis, Rocinante, y no por el hambre. Claro, la madre
naturaleza hace las cosas porque así las “planeó”, al diablo las
representaciones sociales estructuradas antes, qué mejor recurso que la
imbatible naturaleza que todo lo hace y todo lo puede; tanto, que hasta hay un
dicho español: “Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta”.
(Lea el siguiente párrafo con un tono sarcástico) ¡Por favor! En qué piensan, mujeres, este tipo tiene
toda la razón, y más cuando las compara con un mueble, y ustedes dicen: “hay
qué bonito escribe”, y se vean obligadas a mostrar sus curvas a tantos como él
que no importa que no quieras mostrar tu cuerpo, no importa porque se hicieron
para eso, porque la madre naturaleza así lo quiso y te jodes, amiga, que no estás como para elegir... (termina el sarcasmo) por suerte falta poco para acabar con esta trampa machista.
Entiéndelo de una vez, amigo: ¡no tienen por qué obligarse
a gustarnos! Y por si fuera poco ahora señalas que entre mujeres no puede haber
comunicación ni amistad, engendrando así más rencor entre su género, más daño
del bien (qué espero sea por pecar de ingenuo) quiere hacer. Qué bueno que usted es un
hombre que sabe de mujeres… aunque no sea mujer y dé consejos a mujeres para
cuidarse entre ellas... aunque siga sin ser mujer. Lo único claro hasta aquí es su habilidad para entromete entre líneas su machismo.
Ahora nos vamos con las confesiones sobre gustos, y
que todas son lindas e irresistibles. Es decir: que no importa tu edad, ¡eres
diga de ser cosificada, nomás porque yo lo digo! Y hasta aquí con sus puntos
suspensivos que más allá de estilo suyo, muestran nula idea de lo que es la
prosa. Luego nos saca, quién sabe de dónde, esas referencias que tanto gustan
de usar la gente como usted, porque basta con poner unas comillas para pensar
que una autoridad lo dijo y por ello se tiene la razón verdadera del mundo
mundial (sí, sé que no se dice: mundo mundial). ¡Vaya, qué cerca estamos del
conocimiento humano! Y para rematar como un torero de mira al toro que, cortado el rabo, se va
por la oreja, de nuevo la naturaleza contraataca y ahora la culpa es una
tendencia (respaldados con datos estadísticos precisos para poder usar la palabra
“tendencia”) propia de ellas. Con cada palabra se supera a usted mismo, machito
querido. La culpa no es una tendencia, es una emoción, que todos tenemos. Ojalá
la tenga usted al recapacitar sobre la carta anónima que ha escrito.
Pero volvamos a su "carta", que es mucho decir, porque ahora el intento suyo de poema se
ha convertido en lista:
Comerás cuanto tengas ganas.
Harás dieta sin sufrir.
Serás una loca ninfómana.
Comerás cuanto tengas ganas.
Harás dieta sin sufrir.
Serás una loca ninfómana.
Entonces otros machitos, mujeres y hombres, digan “amén”
y crean que aquello que usted escribió y resumió en el mismo número de puntos es
como un debe ser y no un quiero ser. Y
justo cuando se ve que este suplicio llamado “me salió del corazón” le dicta un
final que implora acabar, da su vuelta de tuerca (que ni a media pulgada llega) para decir que la mujer ahora es un
tanque de guerra, una guerra a la que está obligada a participar, a sufrir
embates y heridas porque es un tanque. Y si no lo hacen entonces no han hecho
nada bueno con su vida, porque así lo dice usted, amigo mío, y si no me cree, vuelva a
leerse.
Recuerde bien lo siguiente (entonces nos preparamos
para ese magister dixit que tanto
agrada a quien no puede terminar por sí mismo y busca cobijo de sus ideas en
alguien reconocido que allá dicho algo parecido): No se necesita recurrir a
ningún Dios para probar que ellas existen, basta mirarlas a los ojos sin ningún pensamiento que no sea la empatía: soy el otro, soy la otra.
¡Cuídese, quiérase!
“Al menos ponga de dónde saca estas frases que le
encanta colocar y entrecomillar”
Firma un hombre que no necesita decir que es "verdadero" para escribir una carta, y menos aún, para responderla.
Rodrigo O´Gorman
Me gustó mucho, creo que hay puntos que no debemos dejar de lado como feministas... es una buena crítica, espero que llegue a manos del "verdadero hombre" que no es más que un machista!
ResponderEliminarY para los que no han leído la "Carta de un verdadero hombre a una mujer" aquí les dejo el enlace:
ResponderEliminarhttps://www.facebook.com/media/set/?set=a.616753231678533.1073741830.157231514297376&type=1