domingo, 11 de agosto de 2013

Diario de un feministo (Agosto 11)

Agosto 11
Tianguis

“Todo se compra en un tianguis sabiéndolo encontrar”. Elotes cocidos, aguas de horchata, vasos con fruta picada, zanahoria rayada y cacahuates y doritos locos, ropa de marca y otras que son de “a veinte la prenda”, herramientas para todo oficio, micheladas en cada diez puestos, mochilas para los de nuevo ingreso, libros que quién sabe por cuántos ojos han pasado, cachorros traficados, celulares robados, agujetas de color de rosa… telenovelas, series gringas y películas porno, la llave del agua o todo el lavamanos, fusiles y focos, faros y marlboros, garapiñados salados japoneses y pepitas, la birria por taco y el pulque curado, los chamorros de carnitas, las empanadas de camarón y los vuelve a la vida, el jabón por kilo y el papel por rollo, la música de todos los géneros ambientando todo a su paso, las quesadillas en comal y la barbacoa de penca, los videojuegos mandos y consolas rearmadas, el guacamole en vasito de plástico y las flores en maceta de lata, los Bon ice en cada salida y entrada, hierbas por manojo, frutas y verduras de todos los colores y olores, nieves de mango con miguelito, jicaletas con tajín y tajín a los esquítes, las chacharas sin mayor presentación que una lona maltrecha, carritos de supermercado con naranjas y extractores, hiters y tatuajes a plena luz del día, el pasón de mota para el aguante, el rímel y barniz, los juguetes de madera, las refacciones del carro y alguna que otra llanta para servir de “gallito”, los tacos de tripa y cecina enchilada, las papas a la francesa y los jeans entubados, las piezas para una patineta y los piercings esterilizados, “se compran botellas de perfume y monedas viejas”, “pásele marchanta, güerita, ¿qué le vendo? lléveselo aunque le pierda, que tenga buena mano”.


Los domingos, como para la mayoría de las personas, es un día de descanso, intocable y si se trabaja se debería pagar al doble. Aquellos días los ocupo para dormir lo que no puedo entre semana –aunque hoy me levanté temprano y sin sueño–, para ir con la familia de paseo o bien visitar a un conocido lejano. Los parques y plazas comerciales están hasta el tope de gente y pocos –quizás muchos– encontramos en los tianguis que se colocan en varios puntos de la ciudad, del país mismo, un espacio de distracción. Desde que tengo memoria siempre me ha encantado pasear por los tianguis, y más cuando los reconoces como una tradición prehispánica. Compré un par de agujetas para mis tenis, un morral pequeño donde pudiera cargar mi agua, toalla y cuerda para el ejercicio, además de una serie de anime japonés que hace tiempo me habían recomendado. Comí unas quesadillas y no pude resistir empacarme una torta de carnitas, con la mentira de que al día siguiente con la rutina de ejercicio pagaría mi “gustito”. Ya en casa, encendí la computadora y me conecté casi de inmediato a Facebook, ahí ya se encontraba Itzamarai, por lo que aproveché para platicar con ella. Abrí mi correo electrónico para saber si había llegado un correo que estaba esperando, pero nada, debía de seguir esperando. Se abrió una convocatoria para otra editorial en la que podía aspirar a una ocupación más alta que en la que me encontraba actualmente –a nadie le viene mal un poco más de dinero–. Por suerte, el plazo termina en la semana que inicia. El contenido del correo marcará, sea la noticia que sea, un parteaguas en mi vida. Es un gran puesto, una oportunidad que permitiría ilusionarme en una nueva etapa, una donde cada instante valiera la pena.                    

R. O.   

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