Agosto 15
Túnel-tristeza
Al terminar la
rutina de ejercicio en el gimnasio por la mañana y continuar con el trabajo de
buen Godínez para la editorial –respirando un ambiente más favorable gracias a
la ausencia del supervisor Moreno–, confirmé por mensaje salir con Itzamarai.
Aquel día decidí no llevar el coche, por lo que me quedé de ver con ella en una
estación intermedia entre su escuela y mi trabajo. Momentos después me
encontraba con ella viajando rumbo a mi casa, pues queríamos tener un rato
apacible y cómodo.
A mitad del viaje, Itzamarai recibió una llamada de su mamá; tuvimos
que bajar del metro en la siguiente estación para que ella le devolviera la
llamada y preguntara qué había sucedido. Hubo un cambio de planes, mi novia
tenía que regresar temprano a su casa. Viajamos en el metro, ahora en dirección
contraria, para llegar a la estación Indios Verdes. Transbordamos en la
estación La Raza y aprovechamos la oportunidad para comer un helado Nutrisa,
pues había promoción de dos por uno. Nos quedamos sentados en una de las
orillas del túnel de la ciencia, justo donde se encuentran las constelaciones,
para comer nuestros helados y platicar:
–¿Te ha llegado el correo?
–Nada hasta ahora. Igual y me quedo donde siempre.
–Ten paciencia, pronto llegara y te dirán que te quedaste en ese
puesto.
–¿Y si no llega? Hay días en que temo que no llegará.
–Pero no pienses así, cielo. Eres muy bueno en lo que haces.
–No sólo basta ser bueno. Además, me da miedo el imaginar qué será
de mí en los próximos años ¿Qué tal si me despiden?
–No tengas miedo al éxito. Voy a estar contigo pase lo que pase.
–Una parte de mí sabe que es así, pero otra… no sé.
–¿La otra parte qué?
–Es difícil explicarlo. Sé que las cosas no son como antes, como
cuando vivieron nuestros abuelos. Pero, hay una carga muy fuerte hacia
nosotros, ¿sabes? Si uno como hombre no tiene los medios para sobrevivir o mantener
a una familia es como si no tuviera sentido su vida. Y sí, sé que hay mujeres
que trabajan y sacan a sus hijos adelante. Es sólo que quiero tener lo mejor
para nosotros.
Itzamarai me abrazó, fue uno de esos abrazos que le permiten a uno
sentirse en la mayor de las calmas posibles, tanto, que olvidé por un segundo
dónde nos encontrábamos. Después me dijo:
–Para eso vamos a trabajar los dos. Si hay algo que me gusta de ti
es que siempre intentas dar lo mejor de ti. Con el tiempo nos irá mejor.
Cuando terminó de hablar yo no pude evitar soltar algunas lágrimas.
Y es que no sé si ella lo entienda, si entienda mi preocupación, mi frustración
que es la misma desde que no he logrado hacer lo que había deseado con mi vida.
No puedo explicarle mi miedo de que ella encuentre a alguien mejor aunque me
diga lo contrario. Cómo explicarle que hay días en los que no me gustaría ni quedarme
conmigo mismo, no con el que soy ahora.
R. O.
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