jueves, 2 de enero de 2014

Enero 1 - Año nuevo, vida misma

Enero 1

Año nuevo, vida misma

Él se encontraba en una esquina de su habitación, postrado y pacheco, con lo último que quedó en el hitter, escuchando el escándalo de gritos y carcajadas al unísono, producidos por los vecinos, quienes celebraban la víspera de año nuevo. Su familia, misma que se reunió sin que faltara nadie el día de Noche Buena, no estaban en casa. Cada una de sus hermanas estaba celebrando año nuevo en su propia casa y su papá decidió recibir el año nuevo en casa de su primer hijo. Él le inventó a su padre que tendría que trabajar ese día, que llegaría muy tarde y que no tenía ganas de celebrar si no estaba toda la familia reunida. La verdad es que no tenía ánimo alguno de ver a nadie, de celebrar nada, de pensar (si acaso) en ella.

Desde el aborto, en noviembre del año pasado, las cosas no habían cambiado mucho. Seguía trabajando para el mismo consejo editorial, ya sin la promesa del libro sobre los cuentos de Fuentes (que estaba editando) debido a una pelea que tuvo con Viridiana. Ella conoció a Roberto Villamil, nada más ni nada menos que el hijo de Genaro Villamil, dueño de una de las editoriales trasnacionales más grande de Hispanoamérica. Un buen día Viridiana dejó de preocuparse por él, de aceptar sus reuniones, de dejarlo quedarse en su departamento. Aunque tenía la sospecha de lo que en realidad pasaba en la vida de él, no fue sino hasta que, una borrachera (la última en su departamento), él le confesó lo que estaba viviendo. Que siempre anduvo con Itzamarai, lo del embarazo, lo del aborto y el sufrimiento de una relación venida a menos día con día. Viridiana, que no quería andar más en aquellos vericuetos, prefirió distanciarse y encontró en su relación con Roberto la oportunidad ideal para desaparecer de la vida de él. Ella no quería ya amores desordenados y encontró en la familia Villamil el afecto que la familia de él jamás podría darle. Él intentó hablar con ella a tal grado de buscarla y esperarla a la hora de entrada y salida del trabajo, pero nada. Lo único que tenían en común era el libro de Carlos Fuentes y un buen día recibió a su escritorio un oficio donde, por un cambio imprevisto, se cancelaba el proyecto. Terminaron obsequiando calendarios y revistas atrasadas, hecho que molestó a más de un suscriptor.

De Itzamarai no sabe mucho. Sólo que sigue en la escuela, que salió bien del proceso abortivo y que se colocó el DIU dejando muy en claro que no quería un hijo, no por un buen tiempo. Salieron sólo un par de ocasiones, pero han terminado en conflicto, en reproches. Ninguno de los dos ha sanado las heridas que fueron provocadas por el otro, provocadas por ellos mismos. Ella todavía lo quiere y él la necesita más que nunca.


Esteban –este año quiso revelar su nombre– regresó del viaje cuando escuchó, ya en la madrugada del primero de enero, la voz de su vecino. Con esfuerzos logró levantarse y llegar a la ventana de su habitación para, desde ahí, ver salir entre risas y adioses a su vecino en compañía su novia (una chica que bien podría ser modelo) y subieron al automóvil (un Misubishi Lancer) para, segundos después, perderse de vista. “Otro año y sigo sin ser como él”. 

Rodrigo O´Gorman

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