Agosto
5
Comienzos
El día de hoy
ella inició un nuevo semestre en la universidad. Me llamó por la tarde para
decirme cómo me estaba yendo en el trabajo y lo maravillosos que habían sido
sus nuevos profesores. La escuché contenta y eso siempre me ha sacado una sonrisa.
No le fue fácil entrar a la universidad ni mucho menos continuar estudiando. Ha tenido momentos en los que se ha visto en la duda si continuar o no, pero ha
sabido sortear cada obstáculo. Está casi a la mitad de la carrera y ya planea
concursar por un intercambio escolar en alguna otra universidad
latinoamericana. Su sueño es viajar a Chile y va a dar todo lo que está en ella
para conseguirlo.
Después de terminar la plática por celular regresé a mi trabajo. A
diferencia de ella, yo no tuve la oportunidad de continuar estudiando en alguna
universidad. Trabajo en el área de redacción para una editorial que se dedica a
la producción de revistas de diverso índole. Aunque no tuve la oportunidad de estudiar
una profesión, destacé como un buen alumno. Me encantaba, más bien, me sigue
encantando la idea de aprender cosas nuevas. La lectura, por ejemplo, fue uno
de esos caminos que desde pequeño me permitió conocer y desarrollar algunas
habilidades, entre ellas a escribir con buena ortografía. Ella también sabe mi
gusto por la lectura, por lo que de vez en cuando saca algún libro de la
biblioteca de su universidad para prestármelo y leerlo. Mi género favorito son
los cuentos y los libros de historia sobre mi país.
Al llegar a casa, después de una jornada de trabajo compleja, caminé
a la tienda por una coca-cola y me encontré con uno de mis vecinos. Lo vi
descender de su automóvil, un Mitsubishi Lancer último modelo, vistiendo un
traje impecable y llevando en una de sus manos una bata en la que se apreciaba
el logotipo del Hospital Ángeles. Sí, sentí envidia. Desde pequeño, él siempre
tuvo muchas y muy buenas oportunidades, mismas que le permitieron entrar a la
Facultad de Medicina y posteriormente al hospital. Su auto se llevaba de
corbata al mío, que es apenas un viejo cacharro que no se ha descompuesto por
obra del espíritu santo. Por si fuera poco, físicamente es sano, más bien
atlético, siendo motivo de más de un suspiro en la calle donde vivimos. Volví a
compararme con él y con el sobrepeso que me cargo, mi vecino termina siendo ese
recordatorio permanente de lo que quise haber sido y nunca fui.
El conflicto personal de aquel momento me hizo pasar de largo por la
tienda, caminar cuadras y cuadras hasta encontrar un gimnasio (el más cercano de
la casa, según recordé) y pedí entrar a una clase. Tuve que esperar veinte minutos
más para que diera inicio. Algo en mi interior me pedía a gritos cambiar mi
vida, y la idea de que mi presente es el resultado de todo lo negado. Todo
comienzo principia por ser emotivo. Hay comienzos que se dan en un instante,
como lo fue el coraje que hice conmigo mismo por mi obesidad y forma de vida
que llevaba; hay comienzos como los de mi vecino, en los que pareciera que todo
se va dando, a placer y cuantas veces sea necesario, para que cumplan con sus propósitos en la
vida; y hay comienzos como los de mi novia, que pese a las adversidades del
destino, la necedad de ella es tan grande que puede contra cualquier obstáculo,
para tener otro mejor comienzo.
R. O.
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