domingo, 18 de agosto de 2013

Diario de un feministo (Agosto 18)

Agosto 18
Reacomodos

Me desperté tarde después de una noche de lectura fenomenal. Pocos han sido los libros que me han fascinado al grado de no parar la lectura hasta que sea realmente indispensable. Conocí a Harry Potter por las películas y me gustaron mucho, pero nunca había leído los libros. El primero lo había iniciado hace medio año y no lograba entender por qué el interés de muchas personas en la lectura. No fue sino hasta el segundo libro, Harry Potter y la cámara de los secretos, en el capítulo del “Diario íntimo” donde quedé enganchado con la pluma de la autora. Debo decir que es maravillosa su forma de narrar. Desde ese capítulo ha ido incrementándose mi ansia por leer el siguiente capítulo, y de capítulo a capítulo, el siguiente libro hasta terminar con el último.

Salí de mi habitación para ir al tianguis, pero al bajar a la sala me encontré con mi papá y con Mariana, mi hermana mayor. Me preguntaron si tenía el día libre y cuando les respondí que sí, me pidieron que les ayudara a mover algunos muebles y cosas. Mi hermana inicia mañana con su maestría y quería desocupar el cuarto de cachivaches que teníamos al fondo de la casa para adaptar un pequeño cuarto donde pudiera quedarse en la semana, pues es mucha la distancia que hay entre su casa y la universidad, y como trabaja por la mañana y estudiaría por las tardes, prácticamente llegaría a dormir a su casa, por lo que quería aprovechar que la casa de mi papá está más cerca de su trabajo y de la escuela.

Fui a desayunar algo rápido al mercado para regresar a ayudarles. Cuando estuve de vuelta me encontré con Fernando, mi hermano mayor, quien había llegado de trabajar y también quería aprovechar la movida de muebles y cosas para acomodar otras tantas suyas. Así es que pusimos manos a la obra. Todos en algún momento de nuestras vidas pasamos por un reacomodo de la casa, un reordenamiento familiar. Que si cambiamos de cuarto, que si esto ya por fin lo tiramos, que aquello de dónde salió, que aquello otro ya lo había dado por perdido, que mira nada más cómo quedó aquello, que eso ya ni sirve, que para qué lo guardas, que por qué lo tiras, que mejor ya lo dejamos así, o mejor movemos todo de una vez y ¡por fin encontré esto que hace tiempo andaba buscando!


Lo maravilloso de aquel ritual familiar fue la participación de todos en casa. A pesar de que hemos tenido diferencias e incluso riñas que han llegado a golpes, es un “mal necesario” que tuvimos que pasar para poder vivir en la actualidad con cierta armonía. Cerca de las cuatro de la tarde llegó Silvia, mi otra hermana, con su hija Paola y mientras continuábamos con la subida y bajada de muebles, ella fue al mercado para comprar la comida. Decidimos que lo mejor sería taco placero y una hora después, habiendo movido lo más pesado, nos encontramos en familia pasándonos la salsa, el chicharrón, el queso, las salsas y las tortillas para que cada uno se preparara sus tacos. Desde que inicié con el ejercicio no había vuelto a tomar refresco, así que ese vaso de Coca-cola me supo a gloria. Al final de la comida, estuvimos platicando sobre todos los cambios que ha tenido la casa. Mi papá, quien junto con mamá se empeñaron en construirla, siempre le gusta terminar su plática referente al hogar que nos vio crecer con una significativa frase: “Y pensar que mi viejita y yo empezamos con el terreno baldío, con un cuartito de adobe”. Y cada que lo dice siempre pienso que todo se puede lograr.

R. O.

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