Agosto 18
Reacomodos
Me desperté
tarde después de una noche de lectura fenomenal. Pocos han sido los libros que
me han fascinado al grado de no parar la lectura hasta que sea realmente
indispensable. Conocí a Harry Potter por las películas y me gustaron mucho, pero
nunca había leído los libros. El primero lo había iniciado hace medio año y no
lograba entender por qué el interés de muchas personas en la lectura. No fue
sino hasta el segundo libro, Harry Potter
y la cámara de los secretos, en el capítulo del “Diario íntimo” donde quedé
enganchado con la pluma de la autora. Debo decir que es maravillosa su forma de
narrar. Desde ese capítulo ha ido incrementándose mi ansia por leer el
siguiente capítulo, y de capítulo a capítulo, el siguiente libro hasta terminar
con el último.
Salí de mi habitación para ir al tianguis, pero al bajar a la sala
me encontré con mi papá y con Mariana, mi hermana mayor. Me preguntaron si
tenía el día libre y cuando les respondí que sí, me pidieron que les ayudara a
mover algunos muebles y cosas. Mi hermana inicia mañana con su maestría y
quería desocupar el cuarto de cachivaches que teníamos al fondo de la casa para
adaptar un pequeño cuarto donde pudiera quedarse en la semana, pues es mucha la
distancia que hay entre su casa y la universidad, y como trabaja por la mañana
y estudiaría por las tardes, prácticamente llegaría a dormir a su casa, por lo
que quería aprovechar que la casa de mi papá está más cerca de su trabajo y de
la escuela.
Fui a desayunar algo rápido al mercado para regresar a ayudarles.
Cuando estuve de vuelta me encontré con Fernando, mi hermano mayor, quien había
llegado de trabajar y también quería aprovechar la movida de muebles y cosas
para acomodar otras tantas suyas. Así es que pusimos manos a la obra. Todos en
algún momento de nuestras vidas pasamos por un reacomodo de la casa, un
reordenamiento familiar. Que si cambiamos de cuarto, que si esto ya por fin lo
tiramos, que aquello de dónde salió, que aquello otro ya lo había dado por
perdido, que mira nada más cómo quedó aquello, que eso ya ni sirve, que para
qué lo guardas, que por qué lo tiras, que mejor ya lo dejamos así, o mejor
movemos todo de una vez y ¡por fin encontré esto que hace tiempo andaba
buscando!
Lo maravilloso de aquel ritual familiar fue la participación de
todos en casa. A pesar de que hemos tenido diferencias e incluso riñas que han
llegado a golpes, es un “mal necesario” que tuvimos que pasar para poder vivir
en la actualidad con cierta armonía. Cerca de las cuatro de la tarde llegó Silvia,
mi otra hermana, con su hija Paola y mientras continuábamos con la subida y
bajada de muebles, ella fue al mercado para comprar la comida. Decidimos que lo
mejor sería taco placero y una hora después, habiendo movido lo más pesado, nos
encontramos en familia pasándonos la salsa, el chicharrón, el queso, las salsas
y las tortillas para que cada uno se preparara sus tacos. Desde que inicié con
el ejercicio no había vuelto a tomar refresco, así que ese vaso de Coca-cola me
supo a gloria. Al final de la comida, estuvimos platicando sobre todos los
cambios que ha tenido la casa. Mi papá, quien junto con mamá se empeñaron en
construirla, siempre le gusta terminar su plática referente al hogar que nos
vio crecer con una significativa frase: “Y pensar que mi viejita y yo empezamos
con el terreno baldío, con un cuartito de adobe”. Y cada que lo dice siempre pienso
que todo se puede lograr.
R. O.
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