miércoles, 14 de agosto de 2013

Diario de un feministo (Agosto 14)

Agosto 14
Vanidadesdén

“Bastó mirarte por un segundo para descubrir que existes y no sólo en una única forma sino en otras tantas que podría quedar ciego si las avistó todas en un solo abrir y cerrar de ojos. Aunque más pequeño sólo encontré un halo cálido, a los pocos años me encontraba insólito por tu múltiple semblante que resulta ser siempre el mismo. Te ubico entre cuerpos de todas las formas y caras sin nombre, rostros fugitivos y por fugitivos letales. Te sigo con la vista a todas partes, incluso cuando ya no estás, porque apareces a mis espaldas si te miro de soslayo.

Se pierde en tu vanidadesdén todos los niños que descubren tu encanto floreciente y relieves que se niegan a subordinarse, vanidadesdén los jóvenes que caen en tu encanto que aparece sin sospecha, trampa de los incautos, letanía para el fiel creyente. Vanidadesdén para los adultos que no son como quieres ni como ellos pidieron, desquicio de sombras, y entre más vanidadesdén produzcas, más dolor carcome. Vanidadesdén para los ancianos que no pueden siquiera mirarte por temor de un infarto o una indiferencia que lo deje sin aliento de vida, por muchos años de vanidadesdén.


Vanidadesdén cuando logré hablarte por vez primera y después de aquella carta te marchaste del salón de clases sin siquiera despedirte; vanidadesdén de aquellas pláticas que sólo condujeron a un beso no pedido porque no era tuyo; vanidadesdén los siguientes dos años donde nunca apareciste dejándome a tientas y siguiendo el primer halo de luz que encontraba a mis pasos; vanidadesdén la época más oscura y lúgubre donde te alejabas a cada paso que daba y nunca pude cruzar ni una palabra y cuando lo permitías sólo era para regocijarte en tu vanidadesdén que se acrecentaba conforme te alejabas hasta que llegó el momento de darte por perdida; vanidadesdén que fue la distancia de tus destinos que nunca serán porque no quieres y si los quieres jamás serán conmigo; vanidadesdén la que siguieron a los años que se consolidaron en una fortaleza impenetrable y que demostrabas con el miedo a tan siquiera saludarme; vanidadesdén que me volvió inseguro e infeliz porque te muestras más codiciada de lo que fuiste en un principio; vanidadesdén que me obligó a mí y obligó a muchos de tus presos tras los barrotes de tus siluetas a ejercitarse día tras día con la esperanza de ser de tu agrado o por lo menos nos dirigieras una mirada de quizás; vanidadesdén que gobierna al mundo y  mis más bajos instintos que sacio con lo más cercano a tu vanidadesdén, imaginando en todas esas ocasiones que no sólo me miras sino, por breve que resulte, me deseas”.       

R. O.     

No hay comentarios:

Publicar un comentario