Agosto 14
Vanidadesdén
“Bastó mirarte
por un segundo para descubrir que existes y no sólo en una única forma sino en
otras tantas que podría quedar ciego si las avistó todas en un solo abrir y
cerrar de ojos. Aunque más pequeño sólo encontré un halo cálido, a los pocos
años me encontraba insólito por tu múltiple semblante que resulta ser siempre
el mismo. Te ubico entre cuerpos de todas las formas y caras sin nombre, rostros
fugitivos y por fugitivos letales. Te sigo con la vista a todas partes, incluso
cuando ya no estás, porque apareces a mis espaldas si te miro de soslayo.
Se pierde en tu vanidadesdén todos los niños que descubren tu
encanto floreciente y relieves que se niegan a subordinarse, vanidadesdén los
jóvenes que caen en tu encanto que aparece sin sospecha, trampa de los incautos,
letanía para el fiel creyente. Vanidadesdén para los adultos que no son como quieres
ni como ellos pidieron, desquicio de sombras, y entre más vanidadesdén produzcas,
más dolor carcome. Vanidadesdén para los ancianos que no pueden siquiera
mirarte por temor de un infarto o una indiferencia que lo deje sin aliento de
vida, por muchos años de vanidadesdén.
Vanidadesdén cuando logré hablarte por vez primera y después de
aquella carta te marchaste del salón de clases sin siquiera despedirte; vanidadesdén
de aquellas pláticas que sólo condujeron a un beso no pedido porque no era
tuyo; vanidadesdén los siguientes dos años donde nunca apareciste dejándome a
tientas y siguiendo el primer halo de luz que encontraba a mis pasos;
vanidadesdén la época más oscura y lúgubre donde te alejabas a cada paso que
daba y nunca pude cruzar ni una palabra y cuando lo permitías sólo era para
regocijarte en tu vanidadesdén que se acrecentaba conforme te alejabas hasta
que llegó el momento de darte por perdida; vanidadesdén que fue la distancia de
tus destinos que nunca serán porque no quieres y si los quieres jamás serán
conmigo; vanidadesdén la que siguieron a los años que se consolidaron en una fortaleza
impenetrable y que demostrabas con el miedo a tan siquiera saludarme; vanidadesdén
que me volvió inseguro e infeliz porque te muestras más codiciada de lo que
fuiste en un principio; vanidadesdén que me obligó a mí y obligó a muchos de
tus presos tras los barrotes de tus siluetas a ejercitarse día tras día con la
esperanza de ser de tu agrado o por lo menos nos dirigieras una mirada de quizás;
vanidadesdén que gobierna al mundo y mis
más bajos instintos que sacio con lo más cercano a tu vanidadesdén, imaginando
en todas esas ocasiones que no sólo me miras sino, por breve que resulte, me
deseas”.
R. O.
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