Agosto 17
Problemas de casa
La noche
anterior Itzamarai se quedó en mi casa, después de que su mamá accediera a
darle permiso –argumentamos la hora y el funeral– para que regresara a casa al
día siguiente. Como si se tratara de una recompensa por haber acudido con
Esteban, ella y yo pensamos en la maravillosa noche que pasaríamos, aunque
teníamos que levantarnos temprano porque mi novia también tiene clases los días
sábado.
La alarma del celular empezó a sonar a las seis treinta de la
mañana, decidimos dormir media hora más. A las siete y cuarto nos levantamos ya
con el tiempo encima. Nos dimos un duchazo rápido, y en punto de las ocho
salimos rumbo a la universidad. Por suerte no hubo tanto tránsito, lo que nos
permitió llegar cerca de las nueve de la mañana, aunque sin desayunar. Mientras
Iztamarai entró a sus clases, yo desayuné algo ligero, un jugo, y fui al
gimnasio de la universidad para hacer ejercicio. A pesar de no tener ni un mes
con la actividad física, he notado los cambios en mi cuerpo. No es que haya
adelgazado de la noche a la mañana, pero me he sentido con más vitalidad, más
ligero y cada vez más motivado por continuar ejercitándome. Hice ejercicio un
par de horas y el resto lo dediqué a leer en la biblioteca. Continué con el
libro de Harry Potter y el prisionero de
Azkaban que Luis me había prestado la ocasión en que visité su casa. Cerca
de la una de la tarde, Itzamarai me alcanzó en la biblioteca y decidimos ir a
comer, pues los dos sólo teníamos un yogurth y un jugo en el estómago,
respectivamente.
Después de comer nos quedamos recostados en una de las áreas verdes de
la universidad. Le pregunté sobre su día de escuela. Dormimos una hora en el
pasto –eso de levantarse temprano los sábados no es de Dios– y terminamos por
comprar unas libretas para sus nuevas asignaturas, un libro publicado por uno
de sus profesores y algo de fruta para el camino. Horas después la llevé a su
casa y su mamá ya nos estaba esperando. Al parecer había problemas. Al entrar a
la casa pidió hablar con nosotros. Estaba molesta y tenía razón: Itzamarai
olvidó el celular y nunca le dijo a su mamá que regresaría más tarde de la hora
acordada. “Ella tiene un horario, y si accedí a dejarla quedarse en tu casa es
porque ustedes también van a llegar a la hora acordada”. Mi novia argumentó que
su madre tenía mi número telefónico, pero ella le respondió que la obligación
de comunicarse era de su hija. Le pedí disculpas por lo que había sucedido y
ambos nos comprometimos a que no volvería a suceder. “Mi hija debe llegar a una hora acordada porque también tiene
responsabilidades que hacer en casa, y si de por sí llega tarde y llega
contigo, no me lo tomes a mal, pero eso la va a retrasar más. Y no lo veas como
que no te quiero en mi casa porque sabes que eres bienvenido, pero como le dije
a mi hija: cuando te doy permiso para salir con tu novio es tiempo suyo y saben
lo que hacen o no, cuando estás aquí en casa es tiempo de casa”: Itzamarai y yo
terminamos por pedir disculpas, me despedí de su mamá y mi novia me acompañó a
la salida. “Perdónala, pero luego se pone así y eso me desespera”. No entendí
la razón de ella, pues creo que su mamá tenía su molestia justificada. Como
fuera, le dije que no había problema y que procuraríamos que eso no pasara, si
es que queríamos llevar la fiesta en paz. Nunca he sido de las personas que
buscan ni se meten en problemas, y no quiero serlo por mucho tiempo.
R. O.
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