Enero 7
Café
para tres
“Quiero empezar de nuevo”, fueron las últimas palabras que cruzó Esteban
con Itzamarai antes de marcharse de su casa. No quiso preguntarle sobre su vida.
Había tiempo para ello, sabía que el obsequio fue un buen inicio, pero
necesitaba más cosas.
Por la mañana, Esteban fue al trabajo. Aunque el
ambiente le parecía más desolado, ya sin la presencia de Viridiana, bien podía
recobrar sus días cuando estaba sin ella. A la hora de la comida, fue al
gimnasio donde hubo un tiempo en que hacía ejercicio y habló con el gerente en
turno para volver a ingresar, quizás desde la próxima semana. El hecho de
volver a pagar el gimnasio y haber comprado el regalo de Itzamarai no era más
que una “buena inversión”. Era recuperarse a sí mismo y también recuperarla a
ella.
¿Siempre fue amor? Esteban se lo preguntó mientras
trabajaba. Poco sabe del amor y de los muchos o pocos libros que ha leído, se
formula la idea de que el amor, más que un sentimiento, es una emoción. No sabe
de la duración del amor, pero gusta en citarse a sí mismo la frase de Galeano
que ella le dijo más de una vez: “El amor es eterno, mientras dura”. Consideró
que era el momento indicado para estar de nuevo con ella. Nadie lo había hecho
más feliz y dudaba que alguien más llegara o hiciera algo mejor, que le
produjera una marca tan o más indeleble como la hecha por Itzamarai. Quizás, al
menos para Esteban, el amor no se mide en términos de duración, sino en escala
de profundidad.
Al salir del trabajo, Esteban tenía preparada otra
sorpresa, iría a la escuela de Itzamarai para invitarla a tomar un café y
platicar. En el caminó compró un crisantemo que le pareció lindo a la vista.
Quiso que durara más tiempo que un ramo porque recordó lo que alguna vez le
dijo una de las profesoras en la preparatoria: “cuando se regalan flores, se
está regalando finitud; es como decir: mi amor se marchitará”. Esteban quería
algo inmarchitable.
La espero en la salida de la escuela. Se imaginaba
cómo podría ser el encuentro, que ella sonriera de nuevo cuando lo viera a él y
el crisantemo que llevaba para regalarle. Pero no fue así. Esteban la vio salir
acompañada, pero no por su amiga Vania, sino por un joven que él no conocía. Se
veía contenta con la plática, tanto, que no apartó nunca su mirada en el joven,
pasando inadvertida de la presencia de Esteban. Sin duda estaba celoso, pero
también sabía que Itzamarai y él ya no tenían ningún compromiso. Pensó que él no
era el único que buscaba en ella algo más que una amistad. Quien sí se dio
cuenta de la presencia de Esteban fue Vania, quien al verlo, de inmediato le
gritó a Itzamarai para que ella volteara y así viera a Esteban. Itzamarai le pidió
al joven que la esperara. Cuando ella llegó a donde él se encontraba, olvidó
todo lo que imaginó sobre el encuentro. Sin más, le entregó el crisantemo y la
invitó a tomar un café. Itzamarai le dijo que sí, pero que tendría que ser otro
día, pues ya había quedado de salir con aquel joven. A Esteban no le quedó más
que proponer otro día. Itzamarai se despidió y él la vio alejarse, con aquel
joven, imaginado que aquel café bien podría ser para tres.
Rodrigo O´Gorman
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