viernes, 6 de septiembre de 2013

Diario de un feministo (Septiembre 5)

Septiembre 5

Lecturameras

“Pocos y muchas, bastantes y minorías no sabrán nunca lo que hay detrás de tus lecturameras. Basta con extraviarse entre las calles, sentarse en una banca de cualquiera de los jardines, perderse entre una feria de pueblo o bien adentrarse a los corredores del mercado de Sonora para que así aparezca como acostumbra, de sobresaltos y colores, y ofrezca a cada uno de los transeúntes que llegaron por curiosidad o verdadera necesidad sus más jaculatorias lecturameras.

Lecturameras las que se gastan miradas y miradas, todas desorientadas, de revistas con chismes trágicos pero candentes, últimas modas de siempre, hijos no reconocidos ya nacidos, tips proverbiales para todo mundo y una enmarañada relación de aquél con ella y ella a su vez con el otro que es el mismo que se fue con la anterior ya embarazada del primero. Lecturameras todos los discursos políticos de todas las direcciones proponiendo lo mismo y rechiflando en contra y de memoria; alborotando alborotadores ya alborotados y ejerciendo discursos ya dichos y recontradichos todos los sexenios todos los gobiernos. Lecturameras las novelas y best sellers maquillados de publicidad con miles de ejemplares ya vendidos que no siempre significan leídos; tramas que no tienen mayor sustento que un trapiche amoroso y esperanzas explotadas porque todos los finales, dicen, siempre deben de ser felices.

Lecturameras pedidas y obligadas por profesores y maestras que fueron obligados y pedidos de lecturameras anteriores sin más motivo que el todavía funciona, todavía es actual; volviéndose clásicos más por demanda que por contenido. Lecturameras aquella, ésta y la otra publicación de autoayuda que logra mantener a la editorial porque nunca alcanza para el autor que tuvo que chutarse miles y miles de lecturameras sentimentales y que poco faltó para que, en vez de tanta línea, sólo dijera: échele ganas, siempre se puede siempre. Lecturameras todos los letreros mal escritos, retazos de letras, onomatopeyas escritas cual cantadas con el mísero fin de ser lecturameras momentáneas, tantas como se necesiten.

Lecturameras burocráticas, oficios y copias de la copia de la copia que tienen que pasar al gato del gato del gato y siempre una para el archivo porque no vaya a ser que aquellas lecturameras se pierdan entre tantas otras. Lecturameras los trocitos de poesía, cuentos calzado a la fuerza y minificción poluta de quienes escriben para portales de internet, revistas digitales y demás publicaciones publicadas porque no hay más, escribe padre, tiene final alternativo o va más allá de lo leído antes; poco importa la estructura del género, y menos aún si es alguien conocido: publica sus lecturameras, que ya vendrán otras.


Lecturameras la que no se deja, la que pudo lograr más, la que quedó corta, la que le faltó más trama, otro desenlace, otra manera distinta bien distinta. Poco importa mientras existan, de nada sirve ser paladín exterminador de lecturameras que brotan de entre las piedras, pues todos tenemos siempre una de muchas lecturameras favoritas”. 

R. O.

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