sábado, 19 de octubre de 2013

Diario de un feministo - Octubre 19 - Decidir

Octubre 19

Decidir


Habiendo pasado una semana desde la pérdida de su abuela, a quien siempre considerará como su segunda madre, él sabe que llegó el momento de tomar una decisión. Toda la semana fue gris, sin querer platicar con nadie al respecto, faltó el día lunes a su trabajo para asistir al entierro y se entristeció aún más porque, cuando llegó al panteón, ya habían enterrado el cuerpo. Ni siquiera pudo despedirse por última vez. Al mirar la lápida, la cruz negra, fría, metálica; le promete a su abuela, le promete al mundo, dejarse de convencer por ideas ególatras y actuar a sabiendas de las consecuencias. Primero fue su madre, después su abuela, aún conserva a sus hermanas y tiene ya una sobrina pequeña; todas ellas (salvo la madre, quizás) ha tenido el inconveniente de no encontrar al hombre adecuado. ¿Por qué aparece en la mente de él querer ser un hombre adecuado? ¿Para darle gusto a quién? ¿Saldará así una deuda que él mismo se somete a pagar? No lo sabe, pero la idea de hacer algo lo reconforta.

Él está por decidirse, al fin, entre continuar con Itzamarai o abandonarla a su suerte y construir la propia bajo el cobijo de Viridiana; o bien, decirle a ésta que aquella aventura había terminado, que no podía seguir siendo y así entregarse por completo a Itzamarai. Todo este tiempo justificó sus acciones creyendo que eran parte de una crisis, una duda que tarde o temprano aclararía, pero ese “tarde o temprano” se fue haciendo más y más largo. A estas alturas sabe que Itzamarai sospecha algo y él, que se consideraba el rey de los mares, rompeolas de amores, se encuentra a la deriva, con la necesidad de soltar alguna de las anclas que le permitan quedarse en un punto. Sin embargo, ninguna lo convencía del todo, quería tomar la mejor decisión y en su mente hacía ensayos sobre los posibles futuros que tendría con una o con otra, ya no con ambas. Por un momento pensará que debe de quedarse con Itzamarai, que la mejor prueba de amor es la que han construido, no importando los problemas en los que se han encontrado sino el valor y amor que tuvieron para confrontarlo. Otro momento pensará que será Viridiana, que ella llegó a su vida por un motivo, un motivo que se fue perfeccionando para dar el paso decisivo, intentar algo de nuevo, desde cero, porque lo anterior ya no servía.

Todo el día estuvo sopesando aquella decisión. Ante sí había una balanza donde en cada uno de los extremos se encontraba una de ellas, intentando pesar más que la otra, darle más valor por su historia, su olor, su sonrisa, su amor, su todo. Dicen que cuando uno se encuentra en un dilema parecido, donde no se sabe por cuál de los dos caminos se debe de transitar, se debe de escuchar al corazón; una corazonada, como quien dice, que no es más que la intuición, un don que tenemos poco desarrollado. Así, si se toma con el corazón, uno se dará cuenta inmediatamente de que fue la decisión correcta, pues aparece ante nosotros una levedad que quita todo el peso, toda la responsabilidad. Una vez decidido, ya no se puede echar para atrás, queda seguir caminando. Entonces y finalmente, dueño de sí mismo, de esa corazonada, decide llamarla por teléfono, y cuando ella le contesta al tercer tono del timbre telefónico, dice:


– Hola, Itza. Bien, gracias cielo. Oye: ¿podemos vernos mañana?

R. O.

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