Enero 8
Comienzozobra
“No sé desde cuándo, pero la comienzozobra termina donde inicia de nuevo lo
nuestro, otra vez queriendo, otra vez y lo que dure. Todo lo que basta y sobra,
falta y no hay. Saber que la oportunidad de tenerte ya habiéndote tenido, de
perderte ya habiéndote perdido, de amarte desde la víspera de tu mirada
cruzando con la mía, odiarte odiándome por mi cobardía, las calles sin luces,
solitarias, sin el halo de luz que acostumbrado quedé al transitarte.
Pero ya no hay nada de ello. Meras ruinas,
pedacitos de civilización que los arqueólogos de la nostalgia bien pueden
revender al recuerdo, a precios altos para esfumarse luego, que noche con noche
trae mi plan de conquista, teocracia del enamoramiento, y mala administración
de sentimientos. Ojalá que el comienzozozobra que ahora aparece ante mí, bien
pueda dejar de adorar los escombros que se venden como reliquias, para barrer
en lo más recóndito, sacar desechos de donde siempre, y fijar la nueva piedra
donde nacerá la viva imagen de tu cuerpo: escultura envidiada por todas las
culturas que se creen de mundo.
Mi comienzozobra se debe a la incalculable necedad
de sentirme inseguro por escuchar pasos ajenos, que bien podrían pasar de largo
pero no lo hacen porque los detengo. A duras penas reconozco mis deudas, mis
embargos, el color de cada par de zapato y tacón obligado a parar en seco,
mirar hasta dónde, pegarle una etiqueta de revisado,
y dejar que ande otra vez con el andar de sus pasos, que siempre fueron ruido
que preferí escuchar por no querer oírlo de tus labios. Visto como debe verse,
no es más que el celo fantasmal que no paro de pronunciar por temor a ya no
verte, aunque te tuviera siempre de frente.
En quererlo me desgasto y en soltarlo no he
podido, porque todo camino andado es comienzozobra que termina en lo más
inesperado. Para ejemplo pongo lo nuestro, que ya no es pero me empeño en que
siga siendo sólo porque la costumbre me ha dictado que no vuelas, que transitas
andando, ya sin alas, en la misma dirección de mis pasos. Prometo entonces,
saciar sin quebranto cada comienzozobra que me implore el insomnio, la necedad
o tu reflejo.
Es mejor parar en el punto con mayor movimiento,
necias metáforas de lo nuestro (si es que sique siendo), que bien podrían no
tener ningún valor, pero las atesoro con incalculable esmero, de toda la vida
que fuimos y otra vez, otra vez y de nuevo, pretendo tener contigo, con todos
los pasos, el mismo ruido y etiquetas de revisado.
Mi comienzozobra ya va andando, inexorable ante tu
encanto, letal si algo o alguien se atraviesan por su paso, la vehemencia
cegadora de las otras ciudades que se han erigido ya sin mi ayuda, sin poder
gobernarlas, siquiera caminarlas una tarde, una noche o asistir a uno de sus
bailes. Quizás y este comienzozobra no sea más que la viva extrañeza de saberse
ingobernable, sin etiquetas propias de revisado,
esperando que todos los pasos sean mudos, para escuchar los sonidos de tus
labios, diciéndome que nunca más habrá que volver con mi comienzozobra”.
Rodrigo O´Gorman